Costa Rica y su grano de oro

Grano de oro

Parece ser algo casi genético, algo muy nuestro, algo muy tico, al costarricense promedio le encanta alardear de lo que tiene, presumir con aquello que nos haga sobresalir, hablar e incluso inventar de más, cada vez que se pueda, y es que en palabras muy nuestras, diría que al tico de cepa le encanta rajarde todo aquello que logre mostrarle al mundo que somos diferentes y únicos, es algo que considero, y lo digo con mucho orgullo, cultural.

Tan sencillo como que un extranjero, le pregunte a usted, a mí, a cualquiera con código +506, ¿Y qué tal es el café de Costa Rica? Oiga, que el Teatro Nacional, que el santo, pulcro y sagrado grano de oro, que los adornos del escudo nacional, que la carreta, que la Costa Rica de antaño, que la zona de los Santos, Poas, Tres Ríos, que los granos de café cubiertos de chocolate. Por cierto lo invito, si está a su alcance, a visitar los aeropuertos de Santiago de Chile, de México D.F., el Internacional de Miami o el de Lima, Perú, entre otros; se va a llevar la desagradable sorpresa que la marca que empaca esos granitos tostados con diferentes sabores de chocolate y jaleas no es tan nuestra como pensamos. En fin, que cuanta cosa no presumiríamos del café nacional, si a los ojos del mundo, es una marca país.

Pero, ahora bien, ¿Qué tan buen tomador de café es el costarricense? No sé cuántas veces usted se ha hecho esta misma pregunta, quizá nunca o quizá sea del que tiene la respuesta automática, casi que plasmada en su ADN de “…Ahhhh, nada como un cafecito chorreado, que sabrosera… sabiendo que lo único que tiene en casa es un “coffeemakery si de pura casualidad tiene ese chorreador, es un adorno más en la sala de la casa. Claro está, que si existe un sector de la población que sabe degustar un buen café, que sabe diferenciar los diferentes tuestes, los diferentes aromas y sabores que se desprenden de un café de calidad, ese café que nos hace especiales ante el resto del mundo; sin embargo me quiero enfocar en personas que como usted y yo tomamos café recalentado y aun así nos sabe bien, el tico promedio.

Pero, cómo pretendemos ser buenos tomadores de café, si la gran mayoría de café de especialidad se va afuera de nuestras fronteras y se consume en otras partes del mundo. ¿Alguna vez escucho el famoso refrán casa de herrero, cuchillo de palo”? Pues en este caso, aplican cada una de sus sencillas palabras. Contradictoriamente a lo que alardeamos, en el país, por muchos años, se ha consumido un café de baja calidad, que no cumple con los estándares que si exigen otros consumidores, y por lo tanto se queda para el consumo nacional. Esto ha hecho que el cuento de Costa Rica, uno de los mejores productores de café en el mundo…” versus esa tacita, que nos tomamos usted y yo en la mañana para iniciar el día o bien, en la tarde con un buen gallo de queso, confundan nuestro paladar y peor aún nuestros sentimientos y hagan que asociemos con calidad cada bolsita que nos ofrecen en el mercado nacional.

Hasta aquí todos hemos sido engañados, pero tampoco se sienta mal, en el país pasan cosas peores y sin embargo seguimos siendo el país más feliz del mundo. Ahora bien, no vamos a juzgar y desprestigiar cada bolsa de café que veamos en una góndola  o anaquel, o peor aún dejar de consumir lo nacional, si usted lee líneas arriba, hablé de que la mayoría del café de calidad se exporta, si así es la mayoría, no todo. Dichosamente hay un porcentaje pequeño de este café de especialidad que se queda en el país, y en su mayoría proviene de microempresas e incluso empresas familiares que honran este preciado grano y nos dan la oportunidad de deleitar nuestro paladar y sentidos, con una buena taza de café. Por eso lo invito a probar algo más nuestro, más artesanal, menos comercial, existen pequeños productores  que no tienen nada que envidiarle al café que grandes empresas exportan, y estoy seguro que desean hacerle sentir a usted y a mí, la satisfacción del excepcional aroma de este preciado grano, nuestro grano de oro.

Chef Juan José Solano Fonseca
Facultad de Hospitalidad
Universidad Latina de Costa Rica